Justo ayer estaba viendo un vídeo de John Green en su canal CrashCourse en el que hablaba de El Gran Gatsby y justo al inicio dijo algo que me llamó bastante la atención tanto que dejé de ver el vídeo y me puse a meditar un poco sobre la idea.
Lo parrafearé: “La
cualidad de una novela no tiene nada que ver con lo agradables que resulten sus
personajes”
Así que me puse a
pensar sobre las diferentes formas en las que nosotros como lectores tenemos de
conectarnos con los personajes, y como en ocasiones podemos llegar a adorar a
un personaje como personaje aunque lo detestemos como persona, en otras
palabras, pensé en como al leer una novela somos capaces de suprimir los
impulsos emocionales por los intelectuales a la hora de juzgar personajes con
una moral apuesta a la que nosotros podamos tener.
En cuyo caso la
afirmación de John es perfectamente válida, sin embargo me dejo pensando en las
muchas formas en las que asumimos la forma de pensar de un personaje, porque,
parafraseando a John de nuevo, lo fascinante de leer es que llegamos a ver como
la sociedad ve a un individuo y como ese individuo se ve a sí mismo dentro de
la sociedad, por lo que de cierta forma los personajes tienen una oportunidad
de justificar sus acciones de manera en que esos argumentos a su favor son solo
conocidos por sí mismo y por el lector, mientras que aún se ignoran por la
sociedad que sigue juzgándolo por lo que este exterioriza.
Así que el día de hoy
decidí traerles mi ligeramente extensa reflexión sobre qué es lo que hace que
un personaje nos guste a pesar de ser moralmente opuesto a nosotros y en general
¿Qué hace que un personaje nos guste? Por supuesto no soy psicóloga y todas las
conclusiones a las que llegué y cuestiones que pregunte no están basadas en
nada más que el divagar de mi cerebro por lo que les ruego que perdonen
cualquier disparate… Y sin más rodeo he titulado a esta entrada:
EL ENCANTO DE LOS ANTI HÉROES
Además del pasajero
comentario de John otra razón por la que decidí escribir esta entrada es que
llevo las últimas semanas bastante obsesionada con un musical llamado Hamilton
que si no lo conocen aún (lo cual sería sorprendente porque está en todas
partes) es un musical sobre la vida de Alexander Hamilton uno de los padres
fundadores de los Estados Unidos y siendo honesta siempre sido gran fan de los
musicales, pero en este he encontrado algo que no había encontrado en ningún
otro y podría alentar a cualquiera a que se tomara el tiempo de escuchar la
banda sonora en orden y verán que es básicamente otra forma de consumir
literatura, y la historia que encontraran es simplemente fascinante. Hamilton
ha sido una figura ampliamente ignorada lo cual es sorprendente porque su vida
fue bastante intensa y su colaboración a la historia es remarcable. Sin embargo
no fue Alexander el que me puso en mi dilema literario (y un poco moral) sino
el “antagonista” de la historia, el vicepresidente Aaron Burr, y digo
antagonista entre comillas porque en realidad es un personaje en el que a pesar
de sus acciones no del todo correctas, no encuentro verdadera maldad. Pero como
sea, me preguntaron cuál era mi personaje favorito, a lo que la respuesta
coherente sería Eliza (la esposa de Alexander), porque supongo que a los ojos
de todos los demás soy un poco Eliza, pero en ese momento me di cuenta de que
en realidad mi personaje favorito no era otro que Burr. Sí, Burr quien pondría
fin a la vida de nuestro héroe y le causaría muchos otros años, pero aun así
tuve más claro que el agua que el personaje que más me fascinaba no era otro
que él, pero no solo en el sentido estricto de personaje por su construcción,
sino en el sentido emocional. Porque por alguna razón mis emociones se dirigen
un poco hacía él más de lo que lo haría quizás a otro personaje más “querido”
por decirlo de alguna manera.






